Somos los que caminamos por el monte juntando ramas secas, madera muerta de los árboles caídos, haciendo leña sin talar al bosque. Bajamos de la montaña cargando con mecapal manojos de ocote y encino rajado para los fogones de la Ciudad Real. Andamos entre la niebla con nuestros burros vendiendo leña de casa en casa. Tocamos las puertas y ofrecemos también hoja de pino para adornar el piso, flor de bromelia, musgo y orquídeas para el nacimiento.

Hace ya 25 años rentamos una antigua casa de adobe en San Cristóbal y sembramos en el patio un pequeño árbol de aguacate. El palo creció; ahora es tan alto como el árbol donde la Luna enseñó a tejer a las Primeras Madrespadres. La casa se hizo chiquita debajo de la sombra de las hojas y se llenó de sueños y lo empezamos a llamar «Taller», primero «de Sueños» y después «Leñateros». Algo entre una obra de teatro y un rito de brujería.

En las hogueras del traspatio hierven enormes ollas de totomoste, pita de maguey, tallos de gladiola, hojas de palma, huipiles reciclados, cepa de plátano, y sepa Dios qué más materia prima para hacer papeles. Hay canastas llenas de papiro, lianas, líquenes y musgo. Trituramos las fibras en un molino que gira gracias a la fuerza de una bicicleta. Tendemos el papel al Sol y, mientras se seca, imprimimos poemas en hojas de roble y pétalos de pensamiento. Los alquimistas de la serigrafía trabajan de Sol a Sol, de Luna a Luna, transformando la luz natural en imágenes de color bugambilia. Cortamos, doblamos, costuramos, pegamos, prensamos, envolvemos. Publicamos una revista literaria, un códice rupestre conocido como La jícara, donde aparecen traducciones de lenguas indias, testimonios, diarios de forasteros, xilografías, petroglifos y cosas raras. Y un libro de hechizos incluyendo uno para vivir muchos años, Conjuros y ebriedades, cantos de mujeres mayas. Las conjuradoras cantan al pie del palo de aguacate. Loxa Jiménes Lópes, Xunka’ Utz’ Utz’ Ni’y María Tzu pintan entre el aroma de la madreselva.

Los Leñateros llegan a la puerta del Taller. Traen una carga de madroño para alimentar al fuego. Traen las flores marchitas del templo; la juncia zapateada ayer en alguna fiesta. Cargan bejucos, liquen, hojas de plátano, rastrojo de milpa, velo de novia, mahagua, vaina de frijol, pencas de maguey, juncos, conchas de coco, tallos de gladiolas, frondas de palmera, pasto, papiro, sacatón y bambú, junto con papel y ropa vieja; la materia prima de los sueños es casi siempre algo que «no sirve».

Entre sueños nos llegan ideas y diseños. Así es con los Leñateros: la Luna y las hijas del Rayo nos regalan sueños para alumbrar el camino. Reciclamos nuestras visiones para convertirlas en arte; también reproducimos los sueños de otros: imágenes de los códices, de los sellos de barro pre-hispánicos, motivos de los tejidos y de la cerámica maya. De la Tierra también nos inspiramos: fotocopiamos el fósil de una hoja tropical, la superficie de un caracol marino. Retomamos técnicas de impresión manual: xilografía, cestografía, petalografía. Reinventamos el unicornio para que su cuerno pueda perforar el orificio de una cámara de cartón, según documentación árabe del siglo XII, descubierto por el alquimista chiapaneco Carlos Jurado, maestro y consejero ritual de los Leñateros.

Taller Leñateros es una sociedad cultural, una alianza de mujeres y hombres mayas y mestizos, fundada en 1975 por la poeta mexicana Ambar Past. Dentro de sus múltiples objetivos cabe mencionar los de documentar, enaltecer y difundir los valores culturales amerindios y populares: el canto, la literatura, las artes plásticas; rescatar técnicas antiguas en vías de desaparición como era la extracción de colorantes de hierbas silvestres, y el de generar empleos dignos y justamente remunerados para mujeres y hombres sin estudios, sin carreras, sin futuro.

Hemos creado un espacio multi-étnico de artistas y artistas-en-formación. Fomentamos la creatividad artística entre los sectores marginados. Los Leñateros inventan, enseñan y ejercen los oficios de confección de papel hecho a mano, encuadernación, serigrafía solar, grabado en madera y teñidos con plantas. Nos proponemos favorecer la ecología, reciclando desperdicios agrícolas e industriales para crear artesanía, obras de arte. Taller Leñateros subsiste gracias a la venta de libros arte-objeto, tarjetas postales, playeras, y carteles.

Cultivamos un ambiente de trabajo de grupo en el cual todos los integrantes del Taller participamos en las decisiones, contribuyendo ideas, soluciones y propuestas de trabajo en beneficio tanto individual como colectivo. Aunque no todos somos de una misma cultura y aunque manejamos distintos idiomas, hemos llegado a consolidar nuestro proyecto común. Éramos sirvientas, lavanderas, vendedores ambulantes y desempleados y ahora somos los dueños de nuestra propia empresa.

Muy poco a poco, sin subsidios ni socios capitalistas, utilizando el sistema «del mismo cuero salen las correas», hemos podido adquirir o construir el equipo mínimo para poder trabajar. Hemos logrado crear a nuestro Taller con nuestras propias manos. El único recurso que tenemos, el más valioso, somos nosotros mismos y las ideas del colectivo, la sabiduría popular indígena-campesina.

Grabamos y traducimos las canciones que cantamos, y de nuestras voces nació el proyecto más ambicioso de Taller Leñateros: la publicación (1650 ejemplares) del libro bilingüe (tzotzil/español, 200 páginas, con 60 serigrafías de pintoras tzotziles y tzeltales) Conjuros y ebriedades, cantos de mujeres mayas. Fruto del esfuerzo de 150 personas a lo largo de 23 años, es el primer libro escrito, ilustrado y confeccionado por el pueblo maya en más de mil años, desde que los Primeras Madrespadres mayas hicieron sus códices sagrados.

Para presumir de nuestro trabajo y para festejar el primer cuarto de siglo del Taller, hemos reunido en estas páginas una muestra de la gráfica más característica de los Leñateros; un recalentado de lo que hemos estampado en nuestras tarjetas, afiches, calendarios, en las páginas de La jícara, y del libro de los Conjuros. Aquí presentamos desde pinturas rupestres realizadas hace 10,000 años en Patagonia, hasta pintas callejeras del 1994 en Chiapas; el arte maya clásico en estelas de piedra y vasijas de barro, junto con imágenes nuevas creadas por los Leñateros y las Leñateras en su Taller.

Hay sitios en los Altos donde todo caminante que va pasando coloca una piedra, testimonio de su presencia y de su andar. Los Leñateros cuentan que de este modo los cerros crecen en el tiempo.

Esta es nuestra piedra para el montón, nuestra balanza de los años, un tributo al final del siglo, una ofrenda para empezar el milenio.